12 diciembre 2015

Un temporal de Interior


Este cuadro comenzó como imagen, como idea bastante concreta. hace más de un año. 
En su momento hice algunos bocetos, tomé algunas fotos para tener de referencia. Busqué habitaciones que me parecieran adecuadas (en vano). Incluso hice un estudio de cabeza. Por alguna razón, algo no me terminaba de convencer y tanto la imagen como las ganas se replegaron a las habitaciones donde las ideas anidan y se disuelven. O, como finalmente fue el caso, esperan el momento adecuado para re-emerger.  


Finalmente, casi de la nada, reaparecieron las ganas y la imagen. Los obstáculos que me autoimponía para hacerla "como yo me imaginaba" desaparecieron. Y desaparecieron no por que los hubiera resuelto, sino porque decidí ignorarlos: es decir, saltando directamente al cuadro. Dejando de querer tener resuelto todo de antemano. Que la acción, merlopontyanamente, fuera definiendo sus medios y sus modos a medida que se desplegara. Y en una semana se pintó. Digo "se", porque fue una pintura sorprendentemente rápida y fácil. Aún sin saber del todo cómo sería su recorrido, cómo se vería al final. Capaz precisamente por eso.

No habrá moralejas. A veces es preferible tener resuelto de antemano. Otras veces en cambio, está bueno ir descubriendo qué nos pasa con la pintura allí mismo, mientras la pintamos. Y la gracia, en este segundo modo de encarar una pintura, es que no sabemos del todo hacia donde nos llevará la cosa. La pintura, si está con ánimo de diálogo y si tenemos algo de suerte, nos irá sugiriendo respuestas, caminos posibles. Y es necesario estar abierto a esa conversación. Al descubrimiento de inesperados posibles e incluso, oh dios, a cambiar de idea. 

He aquí el proceso

Primero, tome la tela (80x90 cm) y poniendo del tubo tierra sombra natural y azul ultramar directamente en distintas partes de la tela, tire tremetina, y con una espátula fui cubriendo la superficie. Quería un tono medio pero irregular. Quedó un poco oscuro, así que agarre un trapo y en algunos lugares restregué más. Imagine en donde quería la figura, y después de hacer unas mínimas líneas generales con el pincel para adivinar si la figura estaba donde la quería, empecé a plantar el rostro. Algo inusual para mi, prefiero dibujar un poco más, por lo general.








Estudio del año pasado. Hubo cambios, como se puede ver. 


29 noviembre 2015

Retrato de Ro

Un breve y raudo post para compartir un pequeño retrato de Ro (ex alumna, amiga, colega). Cosas que pasan, salió sorprendentemente rápido. Una sesión de dos horas más algunos ajustes al día siguiente. Es pequeño, tendrá 20x30 cm

Valgan las siguientes fotos como una especie de muestra de un modo de trabajar directamente con el pincel y a grandes masas.











26 octubre 2015

Ira

Va un paso a paso del último trabajo hasta la fecha. Ahora, ya terminado, pienso que lo hubiera preferido hacer en un tamaño un poco más considerable, pero el impulso salió así.

Tenía algunos bocetos realizados el año pasado, que incluían otro personaje y una suerte de calabozo que nunca me terminó de convencer, y a partir de esos bocetos comenzó esta pintura.

Ira. Oleo sobre tela
70x50cm.
2015



El boceto había sido hecho en un simple papel de computadora. Habían sido varios, para terminar de decidir la posición.



Directamente con el pincel y tierra sombra natural, siguiendo una especie de grisalla abierta, plantee el dibujo y la estructura de valor. Algo del movimiento que había tenido en el dibujo quedó trunco, como si tuviera menos "impulso" hacia adelante.







Una vez me convenció el estadio grisalla abierta, pase a modelar con carga matérica. El modelado no era hiperfino,pero tampoco de amplias masas.






Hice una prueba con un fondo casi negro que odié. Y volví atrás. La saqué. Para decidir ese tipo de cosas podría haber sido de mucha utilidad lo que siempre recomiendo a mis alumnos: un estudio color (o poster study, como lo llaman los yanquis, por el hecho de que suele ser un estudio de masas simplificado, o "posterizado").









17 octubre 2015

Páramo: proceso

Siempre me encantó descubrir y conocer procesos de trabajo que se han utilizado en la historia de la pintura. Y si bien los he investigado y utilizado, en gran parte de las ocasiones, en la práctica concreta de mis trabajos, la aplicación metodológica termina siendo más laxa, más abierta, y por qué no confesarlo, un poco caótica. La técnica/proceso está ahí, como sosteniendo, pero aflojo en varios puntos, aquí y allá, por impaciencia, por aceleramiento, o bien porque necesito dejar "lugares libres" (es decir, fuera de control) para que mis ganas fluyan. Como una receta sobre la que se improvisa. 

Aquí va un ejemplo de ese desorden inicial, que se va acomodando a medida que avanza.

1. Empecé este trabajo con la tela toda teñida de tierra sombra natural oscura. Esa base suele usarse como medio tono o como "ambiente", pero en este caso la base estaba pensada para un cuadro que no fue, de modo que su presencia era simplemente la del bastidor a mano.

2. Dibujé sin mucha precisión ni acabado el emplazamiento de la figura con pastel tiza blanco. Sabía que quería un páramo como escenario, pero no llegué a resolver previamente cómo estarían distribuidos los demás elementos que no fueran la figura principal. Esto no necesariamente es una práctica recomendable. Pero en este caso fue para ese lado.

3. Seguidamente empece a manchar los tonos principales, con grandes pinceladas, a nivel de establecer las masas/planos principales que me dieran algo de donde agarrarme (la pintura estaba ligeramente diluida, pero no mucho; el medium era trementina, aceite, y calcita)

4. Ajusté el dibujo, ajusté los planos, quebré los planos en subplanos, casi siempre con capas en la que la carga matérica estaba en nivel medio (un poco mas fluida que de tubo)

5. Y así hasta que estuvo medianamente acabado. Los retoques finales incluyeron un poco de liquin, aunque no excesivamente.













30 julio 2015

Emerge el color

Tengo pendiente el segundo post desde marzo. 

Veamos si mi memoria puede reconstruir cómo siguió la cosa. 

Habíamos quedado en que se había realizado una grisalla relativamente completa, en valores relativamente cercanos a los deseados (es decir, sin proceso de re-escalamiento del valor). 

Respecto a la aplicación del color, éste se fue aplicando en capas relativamente opacas, dado que era necesario cubrir. En donde se podía (y el efecto deseado funcionaba mejor así), se aplicaba ligeramente transparente. Pero también muchas veces intenté con colores transparentes para descubrir que no funcionaba; colocaba entonces un color opaco, y luego un color transparente encima para recuperar profundidad.

Primas cuestiones interesantes: la grisalla de abajo servía para que el color de arriba secara más rápido de lo esperado, dada la proporción de aceite en juego (50/50, con trementina). Servía también para dar una gran armonía tonal. El color, cuando se aplica sobre una grisalla neutra, tiende a resultar -aún en su mínima expresión- demasiado estridente. Entonces, uno avanza de a poquito. Todo color (por poco que sea) parece mucho. Lo bueno: el ojo se sensibiliza a súper sutiles variaciones. Lo malo: a veces se avanza demasiado lento.

Para compensar, algunas veces pintaba "identidad", otras variaciones, de acuerdo a qué me fuera pidiendo y qué fuera resultando.

Otra cosa que sucede a menudo: el color "se apaga", retrocede, después de la primera aplicación. Es la influencia desaturadora de la grisalla. Ergo, muchas veces hay que pasar varias veces hasta obtener el tono deseado. Esto se conecta con esa lenta y paulatina aparición del color que puede resultar tanto muy útil para la sutileza, para ver la pequeña diferencia, como por el contrario exasperante, y en esa obsesión por la micro diferencia, terminar en volatilizar cierta "identidad" del color.